petronio63

My Photo
Name:
Location: Santa Rosa, La Pampa, Argentina

Friday, May 20, 2011

Decálogo del presentador de libros

En la antigüedad la gente se conformaba con tener un hijo. Las cosas ya estaban bastante mal así, ya que, como bien dijo Borges, "los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres".
Ahora resulta que un hijo no basta. También hay que plantar un libro y escribir un árbol (¿o era al revés?), actividades igualmente fútiles, ya que, se sabe, la industria del libro se encarga de deforestar árboles para fabricar papel. Y los libros terminan como relleno ecológico.
Con suerte, cuando hayas cumplido con los tres mandamientos, tu hijo leerá tu libro, y se colgará de tu árbol.
Como quiera, no importa. Todo el mundo quiere escribir un libro, y por mucho que intentes esconderte de esa plaga, tarde o temprano alguien conocido (del club de bochas, del bar, del centro barrial de swingers) te pedirá que "digas unas palabras" en el acto de presentación.
El tema del libro es lo de menos. Sea que te toque presentar "Biografía de mi abuelito transexual" o "Teoría de las cuerdas y sadomasoquismo", el oficio de presentador de libros se rige por diez principios muy sencillos, que a continuación desgranamos gratis y graciosamente.
1) Todo presentador debe comenzar con la expresión "ante todo, agradecer a fulano por confiarme la presentación de este libro...". Se dice así, "agradecer", en infinitivo, hablando como un caníbal (aunque omitiendo la palabra "bwana") y por ningún motivo se debe completar la oración con el verbo que corresponde ("quiero agradecer").
2) Se debe chasquear la lengua con tanta frecuencia como sea posible. Este sonido onomatopéyico es en realidad un fonema también tomado de las lenguas africanas, y quiere decir "en realidad esto que voy a decir es una huevada tan grande que Uds. todos ya lo saben, y si no lo saben son una manga de nabos".
3) Recuerde siempre que no es que los temas se relacionen: "las cuestiones de entrelazan", o mejor aún, "se atraviesan".
4) Trate de decir, al menos una vez, "yo, en realidad, tengo más preguntas que respuestas". Ello no le genera obligación alguna de formular ni las preguntas ni las respuestas en cuestión, y suena muy bonito.
5) Use lenguaje no sexista: un intelectual no puede hablar de un modo políticamente incorrecto. Entonces, debe decirse "Buenas noches para todos y todas", "El destino de todo escritor o escritora", "Para romper el hielo o la hiela", etc. Este recurso permite duplicar la extensión de su discurso, y, mejor aún, reducir a la mitad su sustancia.
6) Si Ud. no menciona al menos un intelectual francés, ni lo intente. Consulte el ránking vigente al momento de su discurso. La última vez que chequeé, picaba en punta Foucault, seguido de cerca por Barthes y Deleuze. Un poco más lejos, pero siempre a mano, vienen Ante Garmaz y M. Legrand.
7) Poco importa si el libro que Ud. presenta sea legible, lo importante es que "viene a problematizar" alguna cuestión más o menos instituida, como por ejemplo, las ravioles del domingo.
8) Cuando al cabo de tres o cuatro frases sienta que se va quedando sin nada que decir, no olvide acudir al contexto cultural: el posmodernismo, la razón débil, la caída de los grandes discursos totalizadores, etc.
9) El humor es señal de inteligencia. Algún chiste hay que intentar. Recuerde no obstante que en la presentación de un libro en lo posible no hay que decir guarangadas, así que el chiste del pastor que en lugar de contarlas para dormir se empomaba a sus ovejas, no va.
10) El presentador tiene sí o sí que contar una anécdota personal. Esto entretiene al público, y sirve para recordarle al escritor que, por mucho que lo crea, su ego no es el más grande en esa mesa de presentación.

Labels: , ,

Tuesday, March 03, 2009

Exorcismo en el Molino Werner


Con el estreno, a las 20 de hoy sabado 28 de febrero, de "La Señora Macbeth" de Griselda Gambaro, la ciudad de Santa Rosa recuperará, de algún modo, uno de sus espacios simbólicos más importantes, el edificio del Molino Werner.

De un modo un tanto fortuito, la producción teatral a cargo de Silvio Lang decidió ese lugar -vestigio de un pasado industrial- como escenario atemporal para la relectura intentada por Gambaro sobre el clásico de William Shakespeare.

Con las historias del Bardo pasa algo parecido a lo que ocurre con los mitos griegos. Por momentos los acontecimientos son tan extremos, tan aparentemente exagerados, que no parecen reales. Sin embargo en esos hechos inusuales, esos crímenes y locuras, es donde más claramente se manifiesta la naturaleza humana. Por algo el psicoanálisis ha abrevado profusamente en estas dos fuentes.

A poco de acomodarse en su silla, el espectador advierte que en otro lugar está ocurriendo la verdadera "Macbeth", la de Shakespeare, con su historia superestructural sobre el poder y el crimen. En cambio, aquí, nos encontramos en una trastienda cochambrosa, rodeados de cuatro mujeres al borde de la cordura, pendientes de los masculinos acontecimientos del otro escenario.

Lang explica que el trabajo de producción demandó alrededor de un año, y que buena parte de ese tiempo fue consumido en la elaboración de una "propedéutica", de un aprendizaje por parte de los actores sobre las reglas del universo que plantea la obra. El bagaje psicoanalítico sobre el que se construyeron los personajes habla a las claras de una formación humanística integral y sólida, que hace entender los elogios que vertiera sobre este joven realizador pampeano la autora de la obra, en un reportaje publicado el domingo pasado en Caldenia.

El despliegue actoral es, por momentos, apabullante. El manejo de la voz, la ocupación del ruinoso espacio físico, la velocidad del contrapunto verbal, el cambio de tono sutil, irónico, hacen que la expresión "poner el cuerpo" venga a la mente como una evidencia.

Bibiana Grabowsky -cuya trayectoria la hacen una indiscutible en el medio local- brilla en el papel de esta mujer compleja y contradictoria, atrapada entre el declamado amor por su esposo y la ambición por su poder, entre la frustración de la maternidad y la culpa por los crímenes que la han llevado a ese lugar.

Ese discurso por momentos delirante es constantemente relativizado, interpelado por las tres brujas (Mariana Roseró, Liliana Rojas y Rosana Maldonado, también productora general) que, entre pócimas, conjuros y presagios, conducen pacientemente a Lady Macbeth hacia su destino final. Por momentos, la interacción entre Grabowsky y Roseró, cada una en su registro, produce resultados brillantes.

El monólogo de la protagonista también se ve turbado por la irrupción del fantasma de Banquo -uno de los asesinados por su esposo- interpretado por Diego San Miguel, que le aporta todo su oficio a una situación escénica que se prestaría fácilmente para el exceso, pero que es resuelta con solvencia. Para Lang, ese fantasma es "el otro", y como "el otro" social de nuestros días es el pobre, el personaje aparece vestido con andrajos.

Vale aquí mencionar el cuidado trabajo de Laura Hernandorena en el diseño de vestuario.

El escenario, un viejo patio interno del Molino Werner, atestado de escombros y aparatos en desuso, ha sido intervenido en forma minimalista. Una monumental escultura de Rubén Schaap -quien diseñó toda la utilería-, sirve de plataforma para el desarrollo de diversos juegos actorales: el artefacto recuerda, en su austeridad metálica, a la parafernalia guerrera de la Edad Media. Los escombros no han sido removidos, sino integrados al juego actoral. Un gato flaco y caradura, suele introducirse en la obra sin respetar guión ni jerarquías.

La iluminación, a cargo de José Jerónimo, está integrada al ambiente, y abarca no sólo el patio sino también los espacios circundantes (más de 500 metros de cable se emplearon en su instalación).

Mucho se ha especulado con la posibilidad de que el viejo edificio del Molino Werner se transforme alguna vez en un centro cultural. O como sea, que despierte de su letargo y vuelva a ser un pulmón de vida en ese sector olvidado de la ciudad.
El rito teatral que se inicia esta tarde -y que prolongará, a no dudarlo, por varias semanas- acaso comience el exorcismo. Y allí, donde latía el poder económico de la ciudad, comenzará a representarse una vieja historia de locura, poder y crímenes, en la que nuestra sociedad bien puede verse reflejada.

Labels: , , ,

Thursday, November 27, 2008

Gran Hermano Reloaded


En su edición del pasado 18 de noviembre, el New York Times cuenta la historia de Jason Jones, un joven de 26 años que pasó varios meses detenido -en base al reconocimiento de varios testigos oculares- con relación al asesinato de un agente federal encubierto en el barrio de Bronx. Jones hubiera enfrentado la posibilidad de ser condenado a muerte, de no ser porque sus abogados rescataron de su billetera (confiscada en el acto de su detención) la "metrocard" utilizada por el acusado durante la noche del crimen para acceder al transporte público neoyorkino. Tanto los registros de esa tarjeta electrónica, como la fotografía obtenida por la cámara de un cajero automático en el que paró a retirar su sueldo, corroboraban su relato de lo que había hecho esa noche, y lo colocaban a más de cinco millas del lugar del crimen a la hora que ocurrió.
Para Jason Jones, esa foto y esos registros de sus viajes en metro y autobus, representaron la diferencia entre la vida y la muerte. Uno de los investigadores del caso declaró a la prensa que, en su opinión, en los procesos penales la prueba electrónica es hoy más importante, incluso, que la de ADN.
Aún cuando en nuestra realidad cotidiana no estamos expuestos al nivel de tecnificación que experimenta un habitante de Nueva York, no estamos exentos de participar de ese progreso, para bien y para mal.
Tanto las tarjetas bancarias como las cámaras instaladas en gran cantidad de establecimientos (bancos, negocios, ascensores, lugares de trabajo, salas de espectáculos públicos) registran nuestra vida con una frecuencia y minuciosidad que recuerda, en cierto modo, a la distopía planteada por George Orwell en su novela "1984".
Es natural que, ante la evidencia de esta realidad contemporánea, experimentemos una sensación de incomodidad. Y es que no hay vuelta que darle: nuestra esfera de intimidad se ha reducido considerablemente, y muchos actos de nuestra vida, incluso nuestra propia imagen, quedan almacenados en documentos y bases de datos a los que acceden personas que no conocemos, con fines que ignoramos. Es por ello que se han creado algunos remedios legales (como el llamado habeas data) destinados a protegernos de posibles abusos.
Pero la tendencia está claramente fijada, y el mundo en que vivimos va en esa dirección: cada vez habrá más registros de toda nuestra vida, y en muchos casos serán obtenidos sin nuestro consentimiento.
Ante esta realidad, se puede tomar una actitud apocalíptica y negarse al progreso, o se puede abrazar el optimismo ciego. Pero también se puede tener una postura más razonable y ubicada para con nuestro presente.
Los registros magnéticos o digitales, gráficos o escritos, constituyen aplicaciones de una tecnología que, como ocurre desde los comienzos del homo faber, es neutra. Como fue neutra la invención de la rueda, que sirvió tanto para transportar personas en carros y automóviles, como para que los inquisidores torturaran personas en el potro.
De modo tal que esa profusión de cámaras que nos escrutan no necesariamente esconde un Gran Hermano del otro lado. A Jason Jones le salvaron la vida. Y en última instancia, todo se reduce a la afirmación que alguna vez vertiera Rafael Bielsa, refiriéndose a las cámara ocultas: "fílmenme todo lo que quieran, yo no tengo nada que ocultar".


Link al artículo del NYT:


Labels: , , , ,

Wednesday, November 26, 2008

Hasta siempre, María


Como es más o menos sabido, un policía tucumano conocido como "Malevo" Ferreyra, a punto de ser detenido por su participación en violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar, se suicidó el pasado viernes ante las cámaras de Crónica TV mientras le hacían un reportaje.
El canal llegó a emitir el reportaje, incluyendo la cruda imagen en la que el represor, tras despedirse de su esposa con un "hasta siempre, María", se disparó un tiro en la sien.
A pedido del titular del Comfer, Gabriel Mariotto, la jueza nacional en lo civil Martha de Gómez Alsina, dispuso prohibir a Crónica TV la emisión de imágenes relacionadas con el suicidio.
La medida judicial adoptada recuerda a la que se tomó, hace poco más de un año, cuando América Noticias difundió fotografías del cadáver de Nora Dalmasso. También en aquel entonces se difundieron, en horario de protección al menor, imágenes de inusual crudeza, cuya reiteración fue prohibida por la justicia. En ambos casos se reactualizaba la eterna relación entre muerte e imagen, de la que tanto y tan bien escribieran Barthes y Débray.
Los hechos difieren, desde luego: en un caso, se trataba de imágenes fijas, en el otro, de un video; en un caso, se trataba de fotos obtenidas en un procedimiento policial, en el otro, de un "reportaje" obtenido por el propio medio; en un caso el hecho reportado era remoto, en el otro era actual. En ambos casos, sin embargo, se verificó por parte de los medios de prensa una decisión consciente de emitir imágenes de una enorme crudeza y morbosidad, con fundamento en su valor informativo.
La decisión editorial en ambos casos aparece discutible y hasta condenable, particularmente por el horario de emisión. Aún cuando en la materia se verifique un enorme caos (del cual el Comfer es el principal responsable), no puede discutirse la necesidad de preservar a los niños de ser sometidos a contenidos que no se encuentran en condiciones de procesar, ni siquiera con intervención de los adultos que los educan. El propio Pacto de San José de Costa Rica prevé esta situación, tan luego en el mismo artículo (13) que proclama la libertad de expresión.
El suicidio televisado es un caso extremo y revulsivo, por muchos motivos. Existen opiniones fundadas de que la difusión de noticias sobre suicidios promueve conductas imitativas. Y aunque el canal involucrado se ha encargado de ganarse una reputación por su explosivo cóctel de morbosidad y chabacanería, existe algo terminalmente enfermo en presenciar la actuación de quien necesita una cámara de televisión para suicidarse. Con el agregado perverso de declarar su amor a la mujer a quien se está abandonando de la forma más traumática imaginable.
En el caso Dalmasso, los responsables de la información intentaron justificarla afirmando que se trataba más bien de fotos de la escena del crimen, que tendían a cuestionar la investigación del homicidio. Como justificativo tiene más color, aunque siempre estará el problema de que en esa escena del crimen el objeto central era el cadáver desnudo de una mujer, a la que sobreviven un esposo, hijos, padres, amigos, personas con sensibilidad y con derecho a que se respete su dolor.
Las decisiones editoriales son muchísimo más complejas y angustiantes de lo que imagina el común de la gente, y deben serlo más aún en un medio como la televisión, que suma, a la inmediatez, el enorme poder de la imagen en movimiento.
Sin embargo, no es el objeto de estas líneas cuestionar estos contenidos periodísticos, respecto de los cuales se descarta un rechazo social casi unánime.
El problema es, o mejor dicho, sigue siendo, el que mencionara Belluscio en su voto en el recordado caso "Servini de Cubría": un estado "francamente paradójico, cuando no inverosímil" en el cual la justicia asumiría un nuevo rol, el de "fisgonear por adelantado en las expresiones que vayan a hacer los habitantes de la Nación".
Y es que, si hay algo claro en materia de libertad de expresión, es que la censura previa está prohibida. En esto es claro el artículo 14 de la Constitución, que incluye una garantía original, no presente en la constitución de EEUU. Más claro aún es el Pacto de San José de Costa Rica, cuando habla de que el ejercicio de la libre expresión puede estar sujeto a "responsabilidades ulteriores", pero nunca a "censura previa". Más claro aún lo puso nuestra Corte en el caso "Ponzetti de Balbín" (donde se debatía, precisamente, la publicación de fotos de un moribundo) cuando expresó sin hesitación que la prohibición de censura previa es "absoluta".
Esto implica la total veda a cualquier intervención del estado en la formación de la expresión de los ciudadanos, sin perjuicio de juzgarlos después de ello por las responsabilidades en que pudieran incurrir. Y hay que recordar lo también dicho por la Corte, en el sentido de que el control estatal sobre la prensa no pierde tal carácter cuando es ejercido por los jueces.
Llamativamente, en ninguno de los dos casos la cuestión de la censura ha sido puesta de resalto, ni siquiera por parte de los organismos que habitualmente se ocupan de esta temática. Tal parece que en algunos casos resulta antipático socialmente defender los principios institucionales. Aún cuando se trate de uno como la libre expresión, sin cuya existencia se comprometen todos los demás derechos, se degrada la república, se compromete la producción intelectual y científica, se bastardean las conciencias.
La libertad de expresión -según se atribuye a George Orwell- existe precisamente para expresar aquello que no se desea escuchar. Incluso el más aberrante error debe ser expresado, ya que de lo contrario no podrá ser refutado, sólo será reprimido.
El Comfer tiene todo el poder necesario para castigar duramente estas transgresiones, incluso disponiendo la cancelación de las licencias otorgadas a los medios en cuestión. Pero claro, para eso haría falta valentía, honestidad, haría falta desatar los contubernios entre el gobierno y los grandes oligopolios periodísticos, haría falta, en definitiva, funcionarios verdaderamente servidores del público y aplicadores de la ley.
Como esas cualidades brillan por su ausencia, lo que tenemos es una progresiva degradación de la república mediante la instalación (Belluscio dixit) "de una censura cuya justificación resultaría mucho más escandalosa que el propio delito que pudiere consumarse con la expresión que pretende prohibirse". (foto: Telam)

Labels: , , , ,

Wednesday, July 30, 2008

Tijuana


Es sábado a la tarde, de modo que nada tiene de extraño que una familia mexicana se tome un día de picnic en la playa de Tijuana. Los niños corretean, vestidos de blanco, mientras los adultos dan cuenta de sus viandas sentados en las mantas sobre la arena. Uno de los hombres, de sombrero vaquero y contundentes bigotes, parece irreal de tan mexicano. Sólo un pequeño detalle enturbia el clima bucólico del encuentro: justo por la mitad del picnic, una espantosa fila de barras metálicas de varios metros de altura, apenas si permite el contacto entre los dos sectores de la familia. Es un picnic internacional: los de aquí se quedaron en México. Los de allá, emigraron a los Estados Unidos, y seguramente residen en la vecina San Diego. Todos proceden como si el muro -que se interna varios metros en dirección al Océano Pacífico- en realidad no existiera, dando cuenta de cómo la raza humana es capaz de acostumbrarse a todo. Y de lo potentes que resultan ser estos lazos familiares.
A pocos metros de allí un monolito proclama el comienzo del territorio mexicano, y recuerda el ignominioso tratado de 1848 que convalidó el despojo de la mitad de ese territorio por parte de los EEUU. Este sitio, llamado "Parque de la Amistad", es el vértice norte de América Latina, y uno de los puntos de fricción más álgidos con el imperio. Como dice el dicho: "Pobrecito México, tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos".
Y aunque resulta imposible no conmoverse con escenas como la que ofrece esta familia mexicana, Tijuana está muy lejos de regodearse en el lamento o la melancolía. Esta portentosa ciudad, cuya población de alrededor de 4 millones resulta imposible de contar -ya que una enorme parte corresponde a gente de paso- exuda una vitalidad más propia del trópico que del desierto.
Esta comunidad, que alguna vez soñó con independizarse para fundar una república socialista, es hoy uno de los rostros más contrastantes del capitalismo posmoderno. No hay lugar en el mundo donde se fabriquen más televisores, y paradójicamente, es uno de los lugares más invisibles. Su prosperidad económica se basa en cimientos poco sólidos, particularmente el enorme cordón industrial compuesto de plantas de ensamblamiento llamadas "maquiladoras" de capital extranjero, que dan empleo precario a miles de trabajadores.
Cincuenta millones de personas cruzan anualmente el paso fronterizo con San Diego, el límite más transitado del mundo. Los mexicanos esperan horas todos los días para cruzar la frontera con sus autos, para ir de compras o simplemente para contrabandear los artículos más inverosímiles. Algunos optan directamente por cruzar a pie, y hasta tienen un auto en cada país para moverse. No obstante esa enorme herida que representa "la línea", donde recientemente se ha construido un muro al estilo Berlín, con desechos de la guerra de Irak, los tijuanenses viven en parte como si no existiera.
En la vibrante Avenida Revolución (llamada aquí "La Revu") con sus luces, su bohemia y sus clásicos carritos de hot dogs, se cuece buena parte del caldo cultural mexicano. Aquí nacieron especialidades culinarias como la Ceasar's salad o el clamato; aquí dio sus primeros conciertos Julieta Venegas; aquí están las galerías donde se exhibe el vibrante arte chicano que luego cruza victorioso la frontera. Los plásticos mexicanos se han encargado ya, fieles a su tradición muralista, de llenar de arte el costado mexicano de ese horrible muro fronterizo. En 2007, durante un evento artístico en la playa, lanzaron un hombre bala al otro lado de la frontera, ante la mirada atónita de la "migra" norteamericana.

Es difícil no emocionarse este sábado a la tarde en la playa de Tijuana. Será que estamos sobre el fin (o el comienzo) de Latinoamérica. Será que sentimos como propia esta herida que mutila la tierra.

De la cerca metálica falta una barra. Simbólicamente, pongo ambos pies del otro lado de la frontera. Pero me vuelvo. Total, que no tengo ningún interés en el otro lado de la frontera.

Labels: , ,