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Monday, August 07, 2006

Para vos también hay

De la crónica periodística:

"Marrón Quevedo está detenido desde el viernes pasado, acusado de matar a su concuñado en un campo de Macachín. El trágico desenlace habría ocurrido por una división societaria. La víctima habría llegado a las 16 de ese día cuando el agresor estaba en el casco de la propiedad que alquila a la familia Costilla. Allí esperó a su abogado José Luis Orozco; a Marrero; y al patrocinador legal de éste, Juan Manuel Hernández. Estos tres llegaron en la camioneta del ex intendente Orozco.
En un corral del lugar había encerrados varios animales vacunos que debían repartir. Marrero se habría quejado de que ésos no eran los animales convenidos, por lo que los abogados comenzaron a discutir sobre el tema. Fue en ese momento que Marrón Quevedo se dirigió a su camioneta, extrajo una carabina y disparó contra su concuñado. La bala habría pasado a centímetros del cuerpo de Orozco, que intentó auxiliar a la víctima. Pero ya era tarde.
El abogado Hernández le recriminó a Marrón: "­mirá lo que hiciste!". Pero Marrón Quevedo, le habría contestado: "­para vos también hay!". El profesional huyó de a pie unos tres kilómetros buscando poner distancias con el agresor y un trabajador rural lo llevó en su vehículo a Macachín".

Digo yo:

Haciendo abstracción de los personajes que intervienen en el drama (todos los cuales tienen historias personales y/o familiares para la antología), parece necesario reflexionar sobre las implicancias del suceso, en abstracto por supuesto.

En primer lugar, el hecho se produce cn motivo de una reunión convocada para dividir una sociedad que mantenían el matador y el matado. El objetivo fue cumplido con pleno éxito. Es curioso que tantos siglos de leyes y jurisprudencia no hayan dado con una solución tan simple y expeditiva para disolver una sociedad indeseada.

Es llamativo también que el matador, pudiendo elegir adónde dirigir su único disparo, y disponiendo de tres blancos posibles, dos de los cuales eran abogados, haya optado por matar a la otra persona. Tal parece que un socio es peor que un abogado. Un socio debe ser una cosa muy mala, entonces.

Producido el crimen, el drama tarda en aparecer, ya que la situación permanece largamente en el terreno de lo tragicómico. "Mirá lo que hiciste" no parece una exhortación adecuada, ya que "lo que hiciste" era evidente y no requería comprobación visual. Tampoco la obligada observación del resultado parece castigo suficiente para el homicida.

En cuanto al "para vos también hay" que inicia la carrera del abogado, llama la atención el rechazo del convite. Bien es sabido que la ganancia del abogado consiste en quedarse con parte de lo que su cliente recibe (cuota litis pro nobis) de modo que parecía adecuado, ya que se había concretado la disolución de la sociedad, arreglar también en el acto la cuestión de los honorarios del letrado contrario.

Finalmente, no se cuenta con datos del cronometraje eventualmente marcado en la carrera de tres kilómetros emprendida por el profesional. Una pena. Seguramente merecía figurar en la lista de récords de Guinnes.

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